Todos los seres humanos somos iguales en el sentido de la potencialidad. La potencialidad es como una semilla seca, está allí, esperando las condiciones favorables (como la humedad, el clima y la tierra fértil) para convertirse en un robusto árbol, una fragante y hermosa flor o un delicioso fruto. El desarrollo de la potencialidad humana depende del contexto, del ambiente en que se encuentra cada uno.
Es el rol de Estado garantizar un ambiente adecuado, un contexto cultural y social que permita y facilite el desarrollo de cada individuo; sacar su potencialidad del estado embrionario, brindarle humedad y humus culturales para que se desarrolle y aflore en una nueva cultura, que dará un nuevo sentido, una nueva identidad que complementa con la multiplicidad de identidades culturales.
La potencialidad del ser humano se manifiesta en diferentes esferas: física, emocional, intelectual, etc. Pero en todos los casos se traduce en manifestaciones energéticas. Cuando la energía es canalizada de una manera correcta, se encuentra un desarrollo adecuado, la persona se desarrollará positivamente y constructivamente; en cambio, cuando la energía no encuentra una canalización adecuada, la persona no se desarrollará correctamente y se desviará o se desarrollará negativamente y destructivamente empezando con la destrucción de sí mismo y luego de su entorno.
Desarrollo igualitario como una consigna, una política de Estado, enfocando al desarrollo de los sectores vulnerables, brindándoles asistencias, abriendo nuevos espacios identitarios, nuevos espacios de encuentros y configuraciones socio culturales.
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